Rafael #Nadal obtiene su décima segunda Copa Roland Garros

El rey de la tierra sigue siendo Rafa Nadal. No importa el rival. Cuando llega la hora de la verdad, el manacorí somete a todo el que esté en el otro lado de la red sobre esta superficie. Este domingo lo volvió a demostrar tras batir a Dominic Thiem en cuatro sets (6-3, 5-7, 6-1 y 6-1) y conquistar su duodécima Copa de los Mosqueteros. Es la cuarta final que pierde el austríaco contra el de Manacor, la segunda ya en Roland Garros tras la del pasado año. Le tiene tomada la medida al número cuatro del mundo.

No hay nada como los dos primeros juegos de un partido para entender cuál es el plan de cada uno de los tenistas. El balear buscó incomodar el revés del austríaco como suele hacer cuando su rival lo ejecuta a una mano, mientras que Dominic intentó dominar y cambiar, punto a punto, la estrategia atrayendo a Rafa a la red en numerosas ocasiones y con bastante efectividad.

No le costó nada soltar latigazos a las líneas para forzar a Nadal a perder el control de la final. No esperó tanto a buscar el impacto y, durante el primer parcial, jugó sin miedos. Al ataque y entrando en el cuerpo a cuerpo donde más a gusto se siente el de Manacor. El físico también es su punto fuerte y, contra pronóstico, sumó la primera rotura de la final. Lo dijo Novak Djokovic tras caer eliminado a sus manos en semifinales. Thiem siempre te obliga a una bola más. Respondió rápido Nadal y pareció despertar. De 2-3 a 5-3 salvando su momento más complicado hasta ese momento. A pesar que Dominic pudo jugar muy metido en la pista no fue suficiente y Rafa cerró el primer parcial tras un error no forzado de su rival y enloqueció. Cerró el puño y miró a su ‘box’. Había empezado a enderezar el rumbo tras casi una hora de partido.

Con el cielo encapotado en París y una Philippe-Chatrier repleta hasta la bandera que no dejó de animar a los dos finalistas, el segundo parcial fue el más igualado de la final. Es muy complicado hacer sentir incómodo a Rafa en este tipo de superficies. Thiem lo estaba consiguiendo y no estaba dispuesto a rendirse tan pronto. “No bajes los brazos”, le espetaban desde la grada del coliseo francés. Hizo caso. Estaba evitando que el español mostrase, hasta ese momento, esa versión que lo convierte en una apisonadora intratable. La igualdad se mantuvo hasta el duodécimo juego. Con 6-5 para Thiem, el austríaco demostró el porqué de su ranking. No es el cuatro del mundo por casualidad. Como un muro aguantó las acometidas de Nadal y provocó su error en su primera oportunidad de rotura del parcial. Igualaba la final y el español se tomaba un ‘break’ fuera de la pista.

DECANTÓ LA FINAL EN EL TERCER SET
El todavía vigente campeón regresó enchufado y ganó ocho puntos consecutivos que le valieron para acomodarse en el set. Volvió a llevarse otro juego al resto y con dos ‘breaks’ de distancia apuntó el parcial a su favor. Thiem, visiblemente fatigado, empezó a notar el esfuerzo de tener que pisar durante cuatro días consecutivos por culpa de la lluvia. Acortar los puntos ya no le funcionaba al austríaco, todo lo contrario que a Rafa. Ganó 24 por siete de su El balear, por si fuese poco, no perdió un solo punto al saque en este tercer parcial que se acabó adjudicando con contundencia por 6-1.

/sport.es

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